La vida en un trazo

 

¿Se puede representar la vida en un trazo? ¿Cuántas formas de representar una ciudad existen? ¿Y de reconocer el interior de un país a través de las mismas? ¿Ya no hay más cabida para otro tipo de postales? ¿Y si viésemos la complejidad de los espacios-tiempos que habitamos de una manera más sencilla? ¿Qué podríamos desatar con esta propuesta?

 

Está en manos de quien tenga entre las mismas esta obra responder a dichas cuestiones.

 

Pero vayamos un poco más allá, ¿cómo se puede observar la frecuencia cardíaca de una ciudad?

 

A través de las estrías que la atraviesan, las longitudes que la componen, los trazos de sus construcciones, los bosquejos imaginarios que nos conceden y sus líneas de fuga…

 

¿Y por qué una delgada línea podría ayudarnos a distinguir toda una ciudad?

 

Porque es el punto de encuentro entre la vida y los sueños de ésta. Y las diferencias entre ciudades, aun a pesar de todos sus parecidos, siempre están ahí, y se pueden ver muy bien, con una simple línea, la línea fantástica que las recorre y delimita su más allá –celestial– de su más acá –terrenal.

 

Más aún, ¿para qué una línea?

 

Para reconocer y promocionar dicha ciudad a través de algunos de sus relieves más representativos. Pues bajo la línea, su idiosincrasia; y sobre ella, sus posibles.